LA VUELTA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA

Por Darío Lopérfido

La liberación de Julio De Vido esta semana vino a describir lo que está pasando. “Me liberó el pueblo argentino que echó al macrismo”. No quiero hacer un análisis político de De Vido, quien se caracterizó siempre por ser un cajero del poder al que le dejaban quedarse con una parte del botín. Es sabido que la política causa ensoñaciones. De Vido estuvo muchos años en el Gobierno y eso le creó una idea de sí mismo que no se parece en nada a la realidad. Aquellos fueron años donde empresarios, sindicalistas, jueces, gente del espectáculo o políticos lo trataban con la deferencia con la que se trata a quien te puede hacer millonario. Tenemos algunos de los peores del mundo en cada una de esas categorías.Por influjo de esos años en los que lo trataban como a un amigo, De Vido terminó creyéndose una persona importante. Hace algunos días, salió de Tribunales vestido como un propietario de lupanar de extrarradio e hizo una apelación al “pueblo” como si el fuera un líder que apela a esos sentimientos vacíos. Olvida, claro, que sólo le prestaban atención porque manejaba la caja por aquel entonces. De Vido debería agradecerle a su Dios a diario por haber conocido a los Kirchner: en un país normal no hubiera pasado de asistente de algún mafioso de pueblo. Aquí tenemos al sindicato del crimen con veleidades épicas.

Nota completa en Infobae publicada el 8 de marzo de 2020.